Vida de barrio y tecnología
La ciudad que dejamos de caminar
Cambiamos la vereda por la pantalla y el barrio por el algoritmo. Vale la pena preguntarse qué perdimos en el camino y si todavía estamos a tiempo de recuperarlo.
Por: Pedro Rodriguez- Opinión
- 20 de oct de 2026

Hubo un tiempo, y no hace tanto, en que conocíamos el nombre del diariero. Sabíamos a qué hora abría la panadería de la esquina y quién atendía la ferretería. Esos datos no estaban en ninguna aplicación. Los teníamos porque caminábamos.
Hoy, en cambio, pedimos el pan con dos toques en el celular, el diario nos llega como notificación y el ferretero quedó reemplazado por un tutorial de cuatro minutos. Nadie discute la comodidad. Lo que discuto es el precio, que pagamos sin darnos cuenta.
El barrio como red social original
Antes de que existieran las redes sociales, el barrio cumplía esa función. Ahí circulaban las noticias, se armaban los acuerdos y se resolvían los conflictos, casi siempre en la vereda. Una charla de diez minutos en la puerta del almacén enseñaba más sobre la vida en comunidad que cualquier clase de educación cívica.
Esa red no tenía algoritmo. No te mostraba solo lo que querías ver ni te ordenaba a los vecinos según cuánto interactuaban con vos. Te ponía delante de gente distinta, con otras ideas y otros problemas. Era incómoda a veces, pero era real.
"Una ciudad que no se camina es una ciudad que no se conoce, y lo que no se conoce no se cuida."
Lo que dicen los números
Los relevamientos sobre movilidad urbana coinciden en algo: cada vez hacemos menos trayectos cortos a pie. Para ir a cuatro cuadras usamos el auto, la moto o el delivery. Las consecuencias se ven en la salud y también en el comercio de cercanía, que pierde clientes frente a las plataformas.
Pero hay un costo que ninguna estadística registra bien: la confianza. Es difícil confiar en alguien a quien nunca vimos a la cara, y una comunidad sin confianza se vuelve frágil, desconfiada y fácil de dividir.
No se trata de volver al pasado
No propongo tirar el celular por la ventana ni romantizar una época que también tuvo lo suyo. La tecnología llegó para quedarse y en muchos casos nos mejoró la vida. El punto es otro: usarla sin que nos aísle.
Algunas ideas simples:
- Comprar al menos una vez por semana en un comercio del barrio, aunque la aplicación ofrezca un descuento.
- Hacer a pie los trayectos de menos de diez cuadras, siempre que se pueda.
- Saludar. Parece una tontería, pero es el primer paso para que un desconocido deje de serlo.
- Participar en algo local: el club, la biblioteca popular, la cooperadora de la escuela.
Una invitación
La ciudad no es solo el lugar donde vivimos. También es lo que hacemos con ella todos los días. Cada vez que elegimos la vereda en vez de la pantalla, aunque sea un rato, volvemos a tejer algo que veníamos descuidando.
Así que la próxima vez que esté por pedir algo que queda a tres cuadras, lo invito a ponerse las zapatillas y salir. Capaz que en el camino se entera de algo que ningún algoritmo le iba a mostrar.

